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jueves, 8 de octubre de 2009

Hacia los orígenes de la felicidad

La felicidad se manifiesta en una zona específica del cerebro, según los investigadores. los científicos debaten si es bueno que se la estimule en personas sanas.
(La Nación) Para Juan Pablo Piñeiro (27 años), ser feliz es compartir los buenos momentos: "Me siento muy bien cuando los vivo con gente que quiero", afirma. Analía Pazos (30) asegura: "La felicidad es la conjunción de muchas cosas. Es lo que siempre pido en un brindis: salud, dinero y amor".
Iñaki Erreguerena (30) opina que "es la suma de pequeños momentos de grandes alegrías" y ver felices a los que quiere. Diego Marcos Ithurburu Isola (32) estima que "la felicidad es poder pasar más tiempo con la familia, gozar de buena salud y aprender a disfrutar de las pequeñas y cotidianas cosas de la vida, como la conversación, el descanso, la amistad, el trabajo".
Delia Oneto (68) llegó a la conclusión de que "es un estado de la mente que va más allá de tener dinero, hijos, casa o marido". Por su parte, Ricardo Ponce (55) contesta sin vueltas: "Lo que me hace feliz es el dinero y comprar cosas".
Todos ellos ofrecen una respuesta sugestiva —aunque incompleta— a una pregunta que en los últimos tiempos desvela a psicólogos, psiquiatras y neurocientíficos: ¿qué es lo que nos hace ver la vida color de rosa? Y, en el caso de que lo descubramos, ¿es posible estimularlo a voluntad?
Para hallar las raíces de ese estado de ánimo que nos hace cantar, tratan de encontrar patrones en las respuestas de las personas comunes y corrientes, comparan a pares de mellizos, analizan registros de imágenes mentales, estudian a monjes budistas, y no desdeñan ningún indicio que pueda iluminar los mecanismos mentales que hacen brillar nuestra existencia.
Las conclusiones comienzan a redondear un cuerpo de conocimiento en cierto modo sorprendente. Por ejemplo, hoy se sabe por imágenes de resonancia magnética que el ánimo positivo y entusiasta se asocia con una mayor actividad de la corteza prefrontal izquierda. También se postula que venimos "programados" para ser felices; es decir, que tendríamos un nivel emocional predeterminado para nuestro humor diario, más allá de las circunstancias de la vida.
Según algunos autores, las cuatro condiciones determinantes para ser feliz son la autonomía, la competencia (sentir que se es efectivo en las actividades que se emprenden), los vínculos con otras personas y la autoestima. Luego vienen la determinación (tener metas propias) y ser físicamente atractivo, y sólo en último lugar aparece la popularidad y el dinero.
Sin embargo, otros disienten: diversos estudios muestran que quienes tienen discapacidades severas son menos felices que los que no las padecen, que los casados son —en general— más felices que los solteros, que ese aumento de felicidad se prolonga a lo largo de décadas, y que quienes se separan o enviudan experimentan un descenso de su bienestar. Por otro lado, lo que explicaría que a medida que los ingresos aumentan los niveles de felicidad se mantienen inalterables es que al mismo tiempo que se elevan nuestras posesiones también se multiplican nuestras aspiraciones materiales.
"En un individuo típico —escribe el investigador norteamericano Richard Easterlin— la función felicidad depende de la razón entre las aspiraciones y los logros en cada dominio de la vida."
Pero además, poco a poco, los neurocientíficos están empezando a atisbar la compleja maquinaria cerebral responsable de lo que podríamos llamar la "alegría".
"Antes se pensaba que había un sistema límbico, un anillo de estructuras que se encargaba de las emociones —explica Facundo Manes, director del Instituto de Neurología Cognitiva—. Hoy estamos revisando ese concepto y demostrando algo que postulaba Darwin ya en 1872: que la expresión de las emociones en humanos y en animales es homóloga. Existe un conjunto limitado de emociones básicas que se mantuvo a lo largo de la evolución en las diferentes especies: alegría, tristeza, sorpresa, miedo, asco, ira, disgusto. Y están asociadas con señales faciales que son comunes a diferentes culturas."
Ya en 1983 se postuló que cada emoción debe estar asociada con un circuito cerebral particular. Y así como se descubrió que, por ejemplo, la amígdala está relacionada con el miedo, la ínsula con el disgusto y el estriado ventral interviene en la agresión, se sabe que la corteza prefrontal está involucrada en la regulación de la emoción y la toma de decisiones guiadas emocionalmente.
El mapa de las emociones
"Entre otras cosas, sabemos que la corteza orbitofrontal, una región «nueva» del cerebro desde un punto de vista evolutivo, se encarga de la recompensa y el placer —afirma Manes—. También se demostró que la emoción está «lateralizada»: cuando hay una lesión en el área derecha, los pacientes tienen risa patológica o se muestran patológicamente desinhibidos; cuando la lesión es en la izquierda, hay más depresión o angustia. Eso indicaría que el lado izquierdo procesa más la alegría y el derecho la tristeza. Lo interesante es que en individuos normales, estudios realizados en resonadores magnéticos funcionales mostraron que las mujeres y los varones procesamos las emociones de forma diferente. Las mujeres muestran mayor representación cerebral cuando evocan pensamientos tristes que los varones, y esto explicaría el riesgo casi duplicado de depresión que padecen con respecto a los hombres."
Sin embargo, si bien se puede decir que esta área es "necesaria" para la alegría, no es la única. "El cerebro trabaja en red y como si fuera un piano —apunta Manes—; algunas notas son más fuertes que otras. Quiere decir que se activa todo el cerebro, pero hay un área predominante."
"Podríamos distinguir la percepción de objetos hermosos, la experiencia de la felicidad y la expresión de la felicidad —dice durante un diálogo telefónico con LA NACION el doctor Sergio Paradiso, de la Universidad de Iowa, en los Estados Unidos—. Y aunque estos tres aspectos se han conectado muy fuertemente entre sí seguramente se relacionan con distintos mecanismos que pueden ser disociados en el cerebro."
Por ejemplo, la percepción de caras hermosas, una función muy importante en la vida social, está conectada con la parte inferior y medial del lóbulo temporal. Con esa parte del cerebro distinguimos si una cara es familiar o no, si es fea o hermosa, y eso abre las puertas a un sentimiento de felicidad o no. Los estímulos de recompensa muchas veces activan un área cerebral en la parte más baja de los ganglios basales, llamada estriado ventral.
"Son zonas que se activan cuando se toman drogas como la cocaína -detalla Paradiso-, y seguramente los adictos están buscando un rápido sentimiento de felicidad, de recompensa. También se piensa que situaciones de la vida normal en que uno se siente bien están conectadas con la actividad de esta área del cerebro, como el orgasmo."
Aportado por Alejandro Alonso

jueves, 1 de octubre de 2009

CEREBRO - MEMORIA - NUEVA FASE

Hallan una nueva fase de la memoriaEs esencial para que los recuerdos perduren; descubrimientode jóvenes investigadores argentinosEn el cuento de Borges, Funes el memorioso "no sólo recordaba cada hoja de cada árbol de cada monte, sino cada una de las veces que la había percibido o imaginado".Funes era incapaz de olvidar hasta la más nimia de las trivialidades, pero el cerebro del común de los mortales da un tratamiento diferenciado a los recuerdos: aunque guarda algunos durante años, renuncia a otros a los pocos días de haberlos adquirido.¿Qué hace que algunos recuerdos persistan, mientras otros se desvanecen en los laberintos de la memoria? Un equipo de investigadores del Instituto de Biología Celular y Neurociencias de la UBA empezó a responder esta pregunta.Descubrió que un recuerdo sólo persiste en el tiempo si un cierto número de horas después de haberlo adquirido, el cerebro sintetiza una proteína que intervino en su formación."Se sabe muy poco acerca de lo que pasa en el cerebro para que un recuerdo dure días, meses, años o toda la vida -explica Pedro Beckinschtein, primer autor del trabajo que integra su tesis de doctorado y acaba de publicarse en una de las más prestigiosas revistas de la especialidad, Neuron -.Nuestra hipótesis era que tenía que pasar algo similar a lo que ocurría cuando ese recuerdo se formaba."En el nivel molecular, para adquirir información, es necesario que se fabriquen nuevas proteínas en distintas regiones del cerebro.Los investigadores se centraron en el hipocampo, una región del lóbulo temporal."En humanos se sabe que las personas que no tienen hipocampo padecen amnesia y no pueden aprender cosas nuevas -detalla Bekinschtein-.En los animales, que es necesario que se fabriquen ciertas proteínas en esta estructura para que las conexiones involucradas en el aprendizaje se estabilicen."Trabajando con ratas de laboratorio, Bekinschtein y sus colegas (Martín Cammarota, Lionel MüllerIgaz, Lía Bevilacqua, Iván Izquierdo y Jorge Medina) descubrieron que doce horas después de producido el aprendizaje hay una nueva ola de síntesis de proteínas en el hipocampo que determina si ese recuerdo persistirá o no.Es una fase de la memoria -algo así como una estabilización "diferida"- que aun no había sido descripta."Sin esas proteínas -aclara el investigador- los animales se acuerdan perfectamente de lo que aprendieron durante 48 horas, pero a la semana ya lo olvidaron.Una de esas proteínas resultó ser un factor de crecimiento neuronal; es decir, una molécula que tiene que ver con el reforzamiento de las conexiones entre las neuronas.Es el «factor neurotrófico derivado del cerebro» (BDNF, según sus siglas en inglés)."Para demostrarlo, los científicos entrenaron a las ratitas mediante un sencillo procedimiento. Las dejaban en una plataforma de su jaula, pero cuando bajaban, se encontraban con una grilla que les daba un golpe de electricidad."Así, el animal aprende a no descender de la plataforma -dice Bekinschtein-.Es un entrenamiento muy simple, muy rápido y muy robusto."Luego, interfirieron farmacológicamente en la cadena de sucesos moleculares del cerebro.Para analizar la función del BDNF, les inyectaron una molécula que bloqueaba la proteína, y según en qué momento se interfería variaba cuándo y cuánto se acordaban los animalitos."Si la bloqueábamos cerca del momento de adquisición del aprendizaje -explica Bekinschtein-, el recuerdo directamente no se formaba.Ahora, si la bloqueábamos a las doce horas, los animales se acordaban a los dos días, pero no a los siete." De modo que esta nueva etapa es necesaria para que el aprendizaje tenga "jerarquía", es decir, para que forme recuerdos perdurables.Es más: según los investigadores, es posible que en el hipocampo se produzcan episodios recurrentes de consolidación para que la traza de memoria se mantenga."Si yo interfiero con esta fase novedosa que estamos describiendo, el recuerdo en el animal va a durar dos días -detalla Medina-; de modo que resulta obvio que las proteínas que estamos interfiriendo son necesarias para que duren.""Lo interesante -agrega Bekinschtein- es que este proceso de estabilización de los recuerdos permite que se puedan modular tiempo después de que se formaron.Puede suceder que la adquisición haya sido relativamente débil, pero luego ocurre algo que puede reforzarla de alguna manera y hacer que ese recuerdo se guarde mejor."Dado que los experimentos fueron realizados en animales, los científicos aún no saben en qué momento exacto se verifica en los seres humanos esta etapa clave para la consolidación de los recuerdos."A lo mejor no se da a las 12 horas, sino con el correr de semanas -arriesga Medina-.Podría ocurrir que en los seres humanos los recuerdos estén «sensibles» los tres primeros días, por ejemplo. Pero todavía no lo sabemos, es pura especulación..." Cuando eso se determine exactamente, en principio será factible modificar la duración de los recuerdos, una posibilidad fascinante e inquietante al mismo tiempo."Se podrá manipular conductual o farmacológicamente la memoria.Por ejemplo, será posible fabricar una pastillita que bloquee o estimule el BDNF para bloquear o consolidar un recuerdo", imagina Medina.Y concluye:"No sé adónde llegará esta perspectiva terapéutica, pero con esta investigación comenzamos a descubrir cómo se estructura un recuerdo.Sin este conocimiento no hay forma de intervenir. Para eso hay que saber cómo se forma y se guarda en el cerebro y cómo hace para perdurar".

miércoles, 30 de septiembre de 2009

La fórmula de la felicidad, en el cerebro

La fórmula de la felicidad, en el cerebro

Los neurólogos comienzan a realizar mediciones científicas de la felicidad en el cerebro.
Después de miles de años en busca de la fórmula mágica, un equipo de neurólogos afirma que la felicidad es el resultado directo de la actividad cerebral, susceptible de ser observada y medida.
"La neurociencia de la felicidad y el bienestar está dando sus primeros pasos", dice el doctor Morten Krigelbach, colaborador de la BBC en la serie "La fórmula de la felicidad", que se transmite por uno de los canales de televisión de la BBC en el Reino Unido.
Según Krigelbach, la búsqueda de la felicidad ha sido una preocupación para los seres humanos desde los comienzos de la historia.
"Sin embargo, son pocos los que alcanzan este estado deseado, e incluso cuando lo hacen, sólo se dan cuenta más tarde", apunta el científico.
Hasta el momento, el foco de la investigación neuronal de la felicidad se centra en dos aspectos: el placer y el deseo.
"La noción de recompensa es un elemento central en estos dos estados de ánimo, y así lo confirman los estudios con animales realizados por psicólogos conductistas desde el siglo XX", señala Krigelbach.
El centro del placer
Durante los años cincuenta, los psicólogos canadienses James Olds y Peter Milner, de la Universidad McGill, descubrieron que las ratas se acostumbraban a tocar una palanca que generaba una pequeña descarga eléctrica, a través de microelectrodos implantados en sus cerebros.

Los científicos experimentaron con ratas para crear estados de felicidad artificial.Cuando la corriente estimulaba ciertas zonas cerebrales, los roedores repetían la maniobra para recibir nuevos estímulos eléctricos. Y lo hacían hasta 2000 veces por hora, dejando de lado otras rutinas habituales, como la actividad sexual o la alimentación.
Estos datos hicieron que Olds y Milner anunciaran que habían encontrado el centro del placer en el cerebro, que se ubica en la misma región que resulta afectada por el mal de Parkinson.
Más tarde, una serie de estudios con seres humanos, dirigidos por Robert Heath, de la Universidad de Tulane, se basó en estas nociones para intentar comprender enfermedades mentales.
En una línea de investigación éticamente cuestionable, estos científicos llegaron a implantar electrodos en los pacientes para tratar de curar la homosexualidad.
Buscando el deseo
Más allá de la repetición observable y compulsiva de conductas, no quedaba claro en los reportes de estos ensayos tempranos que los pacientes efectivamente experimentaran placer a través de los electrodos.
En cambio, un estudio reciente de la Universidad de Michigan indica que los electrodos podrían activar las regiones anatómicas vinculadas con el deseo, más que con el placer.
El científico Kent Berridge, director de este proyecto, reveló que los animales con los que experimentaron tenían una expresión facial particular cuando consumían alimentos sabrosos y dulces, y otra muy diferente cuando se les suministraba algo con sabor desagradable o amargo.

El placer y el deseo son emociones complejas en el hombre, así que todavía tenemos muchas cosas interesantes por aprender en este campo
Morten Krigelbach, científicoCuando manipularon directamente los niveles de dopamina en el organismo de las ratas, encontraron que sus expresiones no se alteraban.
Así, Berridge estableció una diferencia entre deseo y placer, o entre "querer y gustar", observable tanto en términos de la actividad cerebral como por las sustancias neuroquímicas liberadas.
El sistema de emisión de dopamina parece estar así relacionado con el deseo, mientras que el sistema opioideo, que maneja compuestos químicos naturales similares a la morfina, está más vinculado con el placer.
Queda claro, sin embargo, que las ratas son diferentes de los seres humanos.
"El placer y el deseo son emociones complejas en el hombre, así que todavía tenemos muchas cosas interesantes por aprender en este campo", señala Krigelbach.
Las investigaciones neurocientíficas se concentran en estos días en el estudio de la zona del cerebro conocida como córtex orbitofrontal: es la porción que muestra un desarrollo evolutivo más reciente en los humanos, y tiene conexiones con el sistema de dopamina y con el opioideo.
"Usando imágenes neurológicas, encontramos que tiene áreas relacionadas con estados de placer verificables, según nuestros experimentos", señala Krigelbach.
¿Qué nos dicen, en definitiva, estas investigaciones sobre la felicidad?
"¿Podríamos definir la felicidad como un estado de placer sin deseo, un estado de satisfacción e indiferencia?", se pregunta Krigelbach.
Y responde: "Si es así, entonces es posible que los neurocientíficos encuentren algún día la receta para alcanzar este estado". Es decir, la fórmula para inducir la felicidad.

"Lo peor para el cerebro es el aburrimiento"

Lo peor para el cerebro es el aburrimiento"
Asegura el especialista en neurología cognitiva, nacido en Estambul, que desde hace treinta años estudia su funcionamiento
Suele decirse que el cerebro es el objeto más complejo del universo y el gran poema de la materia. Marsel Mesulam seguramente estaría de acuerdo con estas definiciones: cautivado por la matemática y la literatura en sus épocas de estudiante, hace tres décadas explora los intrincados senderos de la mente. El director del Centro de Neurología Cognitiva y Alzheimer de la Universidad Northwestern -que estuvo en Buenos Aires para participar de la reunión del grupo de Investigación en Afasia y Trastornos Cognitivos de la Federación Mundial de Neurología, coordinada por Ineco- nació en Estambul, pero vive en los Estados Unidos desde que tenía 18 años, en 1964. "Cuando estaba a punto de graduarme -recuerda-, decidí ingresar en medicina y psicología. Tuve la suerte de tener como mentor a Norman Geschwind (padre de la moderna neurología del comportamiento) y desde entonces la investigación ha sido un viaje maravilloso a través de la neurología, la neuroanatomía y las imágenes funcionales. Ya no me planteo dedicarme a la matemática, pero todavía disfruto de un buen libro." -Doctor Mesulam, ¿se puede explicar en un párrafo cómo funciona la mente? -Bueno, el problema es complicado. Sólo en la superficie del cerebro tenemos 20 mil millones de neuronas, cada una de las cuales forma unas diez mil conexiones. Este órgano es capaz de hacer cosas absolutamente asombrosas que ninguna máquina es capaz de emular, como los cálculos que hace un tenista, un poeta o un atleta. En los últimos 150 años hemos tratado de descubrir qué parte del cerebro hace qué tarea. Y ya sabemos algo: que diferentes partes del cerebro hacen cosas diferentes, y que éstas no están confinadas dentro de fronteras individuales. Las funciones cerebrales están organizadas en redes distribuidas e interconectadas entre sí. Por ejemplo, no es que las palabras se encuentren en una parte especial del cerebro. Están en todo el cerebro, pero hay un área crítica que sabe dónde, que opera como el directorio de una computadora. Si uno pierde el directorio... olvídalo, nunca las vas a encontrar, no porque el directorio contenga los archivos, sino porque sabe dónde están. Estamos empezando a describir las funciones cerebrales como un mosaico increíblemente complejo en el que hay diferentes áreas de especialización, áreas que pueden relacionar la información distribuida. Hemos realizado avances realmente fantásticos, pero todavía estamos en los comienzos. -Sin embargo, hay quienes piensan que nunca lograremos entender totalmente el cerebro? -Creo que las neurociencias del siglo XXI tendrán que definir el significado de las palabras que utilizamos al preguntar. Por ejemplo, cuando se dice que no vamos a entender cómo funciona el cerebro, yo tengo que dar vuelta la pregunta: ¿qué se quiere decir por entender? Porque si por entender se quiere decir que cuando uno mira esto y lo llama "reloj", puede manejarlo, puede hacer imágenes funcionales, puede decir qué parte hace qué cosa, entonces sí lo vamos a entender. Pero si la pregunta es si puedo explicar cuál es la esencia de un reloj, tengo que contestar que no lo sé. Creo que podremos describir cómo ingresa y cómo egresa la información, pero si vamos a preguntas más complejas, por ejemplo si preguntamos qué es la conciencia, entonces.... -¿Será imposible entender qué es la conciencia? -Personalmente, no sé qué es la conciencia. Puedo decir que estar consciente es verbalizar algo internamente, aunque también hay instancias en que uno no necesita verbalizar. La totalidad de la conciencia está más allá del análisis lógico. Si queremos expli carla, vamos a encontrarnos con problemas, porque las respuestas que hallaremos serán triviales. De modo que tenemos que ser muy cuidadosos en cómo definimos nuestras preguntas. -Se diría que es un "agnóstico" de las neurociencias... -Tal vez, pero piense en la astronomía: si uno pregunta cómo empezó el universo, le responden "con el Big Bang", pero el Big Bang es algo llamado "una singularidad", que no tiene explicación. La astronomía es más inteligente que las neurociencias, porque ya definió la pregunta que no tiene respuesta. Creo que tendremos que aceptar que algunas preguntas, cuando las hacemos de cierta manera, pueden no tener respuesta. Pero tenemos tantas preguntas que sí pueden contestarse, que no creo que haya que perder el tiempo con las que no la tienen. -¿Considera que hipótesis como la de Marvin Minsky -que habló de una "sociedad de la mente" en la que la conciencia surge de la interacción de procesos que, individualmente, no son conscientes- no son una explicación adecuada? -Creo que es una idea muy razonable, porque lo que dice es que se pueden escalar niveles de complejidad. Por ejemplo, tenemos tantas sinapsis que gran parte de las funciones mentales podría manejarse en forma probabilística. Se podría decir que cuando llamamos a esto "reloj", este estímulo visual activa miles de posibles palabras, pero en un sentido darwiniano las más aptas sobreviven porque coinciden más con lo que uno ve. No tengo problema con ese enfoque, pero mis investigaciones no se ocupan de ese nivel de complejidad. Soy un simple neurólogo que está tratando de descubrir cuáles son los elementos para que, algún día, alguien vea cómo funcionan. -¿Cómo explicaría el movimiento pendular que describe a la mente ya sea como algo inescrutable o como un simple engranaje químico? -¿Sólo un engranaje químico? ¿Un cuarteto de Beethoven es sólo sonido? La mayoría contestaría que sí, pero por otro la do es un sonido muy complejo y muy especial. Otro ejemplo es la vida: es sólo una combinación de carbono, nitrógeno y oxígeno? Pero, cuando se juntan formas complejas, ocurre lo mismo que con los sistemas biológicos, dos más dos es igual a cinco. Incluso aunque el cerebro sea en el fondo "sólo una máquina química", cuando esas sustancias se combinan en un cierto orden dan por resultado algo más. -¿Qué importa más para el desarrollo de la mente, la herencia o la experiencia? -Ambas. En cada función hay instancias en la que se verifica una predisposición genética, en la que la experiencia juega un papel y en la que hay interacciones. Me gusta pensar en el cerebro como un barco (la predisposición genética) sobre el que se deposita la experiencia como una pintura; si la predisposición genética es la correcta, esa pintura será mucho más colorida. Pero hay que tener las dos. Uno no puede desarrollar el lenguaje sólo poseyendo los genes; sin embargo, si no tiene los g enes, la experiencia sola no va a hacer que usted tenga habilidades lingüísticas. Ahora, si un chico no es expuesto al lenguaje, tampoco lo desarrollará. -¿Cuál es el puente entre lo anatómico y lo simbólico? -El lenguaje. Los humanos hemos creado este sistema cuyo único propósito es crear un símbolo que llamamos "palabra" para objetos específicos, ideas, sentimientos. Se podría decir que la red del lenguaje es el mejor sistema conocido hasta ahora para la creación de símbolos y no hay otro animal que lo tenga. Se ha trabajado años para que chimpancés y gorilas crearan símbolos y se comunicaran, y sólo se ha logrado que aprendieran una o dos palabras. En mi opinión, la razón es que el cerebro humano se ha desarrollado hasta un punto en que tiene un lujo: más neuronas (en relación con el tamaño del cuerpo) de las que son necesarias para sobrevivir. Ese "lujo" nos permite sistemas neuronales cuyo trabajo principal no es sólo escapar del peligro y buscar alimento , sino reflexionar acerca de la experiencia por medio de símbolos. Esta interfaz simbólica es un rasgo exclusivamente humano. La ventaja que ofrece este sistema es realmente increíble. Otro rasgo único de la mente humana es su deseo de diversidad; si no ¿por qué los humanos creamos miles de lenguajes para decir las mismas cosas? -¿Por qué? -¿Y por qué hay tantas formas de preparar los alimentos? A los monos les gustan las bananas? El secreto del cerebro humano es la búsqueda de la diversidad. Sentimos una urgencia intrínseca de buscar lo novedoso. Si uno toma una neurona y le muestra lo mismo dos veces, inmediatamente decrece su actividad. Se aburre. Lo peor para el cerebro humano es el aburrimiento y eso ha creado el combustible para el desarrollo de la humanidad. El problema es que buscar novedad no siempre es bueno, por eso el cerebro tiene potencial para lo bueno y para lo malo. -¿Qué se puede hacer para cultivar la mente infantil? -Todos los chicos son diferentes. Algunos son curiosos y quieren saber por qué las cosas son de la manera en que son. Otros están más interesados en las relaciones personales. Es importante ser muy sensible a los talentos particulares y permitirles desarrollarlos en un ambiente estimulante. No tiene sentido pretender que sea matemático un chico que no tiene inclinación hacia la matemática, eso sería frustrante para todos. Creo que primero hay que averiguar cuáles son las aptitudes del chico y luego darle el máximo de posibilidades para que se desarrollen. Y también asegurarse de que tenga una mente curiosa en cualquier área. Cuando yo estaba en la escuela primaria, había un patrón para todo el mundo. Todos aprendíamos lo mismo, leíamos lo mismo. Espero que seamos cada vez más sensibles a las diferencias y que podamos alimentarlas.