Por Óscar Castro García.
Autores como Persinger, Newberg, D´Aquilli o Hamer han buscado las raíces biológicas de lo religioso. La llamada neuroteología o neurología mística o religiosa (estudiada en España, entre otros muchos, por neurólogos como F. J. Rubia o Francisco Mora) es hoy una temática científica que responde a evidencias objetivas y no tiene nada que ver con todo aquello que pudiéramos calificar en general como “esotérico”. Evidencias científico-neurológicas permiten constatar que las representaciones y emociones religiosas (y, más ampliamente, conectadas con lo metafísico, lo filosófico, lo cósmico …) se producen neuronalmente por activación de ciertas localizaciones corticales precisas entre los lóbulos frontales, temporales y el sistema límbico.
Hoy en día se han buscado incluso las bases genéticas que estarían en la raíz evolutiva de los comportamientos religiosos. En todo caso, lo que estos hechos neurológicos, e incluso genéticos, muestran, es que lo religioso ha sido y sigue siendo un importante factor que inevitablemente se plantea siempre en la vida, acabando por aflorar, y obligándonos a tomar ante el una decisión personal.
En principio hubiera podido suponerse desde el principio que, si el comportamiento humano responde siempre a patrones neuronales, también el comportamiento religioso debiera tener sus estructuras neurales propias. Lo que hubiera podido ser una expectativa científica ha sido hoy comprobado en los estudios de neurología empírica.
Cuando el hombre piensa en lo filosófico, en lo metafísico, en lo religioso y se ve embarcado en emociones que lo conectan místicamente con la Unidad del Universo, se activan en su cerebro ciertas áreas y estructuras que recibidos por herencia de la especie. Estas funciones han sido construidas poco a poco desde la evolución del hombre primitivo y pueden estar activadas o inhibidas en el hombre actual: pero están siempre ahí y pueden dispararse en cualquier momento activadas por las circusntancias de la vida.
¿Responden estas estructuras neurales a la verdad?
¿Muestran que efectivamente Dios existe?
Evidentemente que no. Podrían ser un error programado por necesidad adaptativa. Pero también podrían responder a la realidad mistérica y trascendente de un Dios realmente existente. En todo caso, lo que estos hechos neurológicos, e incluso genéticos, muestran, es que lo religioso ha sido y sigue siendo un importante factor que inevitablemente se plantea siempre en la vida, acabando por aflorar, y obligándonos a tomar ante el una decisión personal.
El gen de Dios de Dean Hamer
El profesor Dean Harner es director de la Unidad de Regulación de la estructura genética en el National Cancer Institute de Bethseda. Según Hamer, la espiritualidad responde a un mecanismo biológico, comparable al mecanismo que rige el canto de los pájaros, aunque más complejo.
Existe una predisposición genética a la autotranscendencia, a través de una proteína llamada VMAT2, que está involucrada en la rotura, a través del MAO (monoamino oxidasa: enzima que rompe las monoaminas después de su liberación sináptica) y en el transporte de monoaminas vesiculares. Éstas son neurotransmisores que contribuyen a la sensibilidad emocional.
De esta manera influye en las capacidades cognitivas con diversos tipos de tipos de conciencia que constituyen la base de las experiencias espirituales. Según Hamer la VMAT2 está relacionada, primero, con el olvido se si mismo y por tanto de la transcendencia del espacio-tiempo; segundo, con la identificación transpersonal y tercero con el misticismo o el sentido de lo sagrado y la captación de realidades inefables.
Algunos teólogos como John Polkinghome, rechazan la tesis de Hamer aludiendo un reduccionismo genético darwinista que va “en contra de mis convicciones teológicas personales” según testimonió públicamente. Pienso que Polkinghome cae en la trampa de la que habla Sam Harris, ya que ha de ser el método científico el que ofrezca respuesta interpretativa a la actividad cerebral que permite las experiencias místicas.
Hamer también alude a la experiencia personal y al influjo cultural para la experiencia mística. Esto lo corrobora un estudio del McGovern Institute for Brain Research del Massachussets Institute of Technology (MIT) que ha realizado un equipo de investigadores de la Stony Brook University de NY, del MIT y de la Standford University de California. En pocas palabras, el nivel de identificación que tenemos con la cultura que hemos vivido no sólo condiciona nuestros pensamientos, sino que también rige los patrones de actividad neuronal.
Los experimentos realizados con personas de ámbitos culturales opuestos (occidental americano versus extremo oriental) han determinado que la construcción social de la realidad que compartimos de forma memética (injertada y ajena a nuestra realidad) a lo largo de nuestra vida produce la actividad de nuestro cerebro. Los occidentales, por ejemplo no estamos tan acostumbrados a las actividades interdependientes como los orientales, y los orientales no tienen tan desarrollado su capacidad de actuar autónomamente, con independencia y libertad.
La exploración realizada a través de fRMI en sujetos experimentados con tareas visuoespaciales registró actividad en las regiones frontal y parietal del cerebro, zonas directamente asociadas al control de la atención. Dicha actividad era mayor durante la emisión de juicios no-preferidos culturalmente que durante la emisión de juicios preferidos culturalmente.
De esta forma se ha llegando a la conclusión de que cuanto más identificado está uno con su recorte psicológico del inconsciente colectivo, mayor es la dificultad de salirse de dicho recorte. Es un fenómeno que viene asociado a la supervivencia, en cuanto que la cultura propia, en el medio inmediato que le envuelve, lo identifica como persona y le permite reforzarse para sobrevivir en un medio hostil.
Pero, como señala Francisco J. Rubia, de la Universidad Complutense de Madrid, si la cultura es un subproducto del cerebro, y estamos de acuerdo en que el cerebro está hecho para la supervivencia, y si el cerebro genera un “yo social” para sobrevivir, entonces, ¿cómo sobrevive el individuo si lo despojas de este “yo”?
Los operadores cognitivos de Andrew Newberg y Eugene D'Aquili
En su libro Why God won't go away. Brain Sciene and Biology of Belief, Newberg y D'Aquili, de la Universidad de Pennsylvania, señalaban en primer lugar una zona cerebral (sección posterior del lóbulo parietal) a la que nombran “Área de Orientación y Asociación” (OAA), fundamental en la orientación física del espacio, en la consideración de ángulos y distancias; siendo de suma importancia en su desarrollo para los pilotos de aviones y aeroplanos.
¿Qué ocurre si el OAA no recibe información para activarse? Si no hay información que fluya a través de los sentidos, el Área de Orientación y Asociación no es capaz de encontrar fronteras. Entonces, ¿dónde se encuentra el límite físico del Self y del mundo exterior? No existe. En ese caso el cerebro no tiene otra opción que percibir que el “yo” es interminable e íntimamente ligado a todo de forma inevitable.
Es cierto que pueden existir lesiones en el OAA que provoquen esta experiencia. Pero, ¿qué ocurre cuando es una experiencia autoinducida por uno mismo a través de un serio trabajo de largos años de meditación? O quizá provenientes de muchas horas de oración, como aparecería en los datos del estudio realizado por Newberg y D'Aquili. Estas experiencias serían las que podrían llamarse de identificación transpersonal, según la escala de Hamer.
Newberg y D'Aquili consideran que existen cuatro áreas de asociación que manifiestan un protagonismo especial en las experiencias religiosas profundas:
- Área de Asociación Visual
- Área de Orientación y Asociación
- Área de Atención y Asociación
- Área Verbal-Conceptual de Asociación, o “TPO junction” porque se situa en el punto de contacto de los lóbulos Temporal, Parietal y Occipital.
De hecho, el lóbulo temporal merece mucha atención en estudios de estados mentales singulares relacionados con la mística y los estados alterados de la conciencia (ASC). Tal como lo planteó Michael Persinger, la amígdala y el hipocampo están asociados con el sentido del “yo” en relación con el espacio-tiempo y sus límites, de acuerdo con su memoria y sus afecciones primarias.
Persinger también postula la existencia en el lóbulo temporal de patrones de descarga transitorios de las células nerviosas que provocan el fenómeno de “kindling”. También postula que la inestabilidad de esta excitación puede provocar experiencias alucinatorias, como la impresión de estar fuera del cuerpo o sensaciones vestibulares, o auditivas (la escucha de Dios, o la hipótesis del genio maligno de Descartes), sea el paciente creyente o agnóstico. Sus interpretaciones vendrán configuradas por el contexto cultural en que está envuelto el individuo o paciente en que esto sucede.
También Newberg y D'Aquili llegan a decir que la mente es “mística por defecto” en el sentido de que se obtienen experiencias religiosas combinando el sistema vegetativo, el límbico y las funciones analíticas del cerebro. El sistema vegetativo combina la acción vegetativa-sinpática (fundamentalmente desveladora) con la parasimpática (relajadora o quiescente). Eso ofrece estados de “hiperquiescencia” o quietud, “hiperdespertar”; o gran activación “hiperquiescente” con irrupción de despertar; o “hiperdespertar” con irrupción de quiescencia. Y todo esto se complementa con los estados emocionales dependientes del sistema límbico (concretamente con la amígdala e hipocampo) muy relacionados con la memoria.
Operadores cognitivos
También ha hecho referencia a que existen estructuras neurales que, actuando simultáneamente proceden como algoritmos para ordenar la percepción de la realidad y se activan especialmente en la generación de experiencias místicas. Se denominan “operadores cognitivos” y son las siguientes:
1. Operador holístico: permite ver el mundo como una totalidad. Es posible que esta capacidad mental nazca de la actividad parietal del hemisferio derecho. Un ejemplo sería ver el reloj de agujas.
2. Operador reduccionista: Responde primariamente a la actividad del hemisferio izquierdo. Representa la antítesis de la función holística. Permite dividir el conjunto en partes. Representa la capacidad analítica. Un ejemplo sería ver las agujas del reloj.
3. Operador abstractor: Es el taxonomista mental. Probablemente activado desde el lóbulo parietal del hemisferio izquierdo. Permite la formación de conceptos a partir de la observación de las partes individualizadas. La abstracción para formar conceptos es la base de la generación de la cultura de las ideas.
4. Operador cuantitativo: Es la mente calculadora. Cuantifica el mundo real y también calcula los elementos de supervivencia (distancias, número de elementos, etc.).
5. Operador binario: Esto contra aquello. Capacidad de organizar el mundo físico y sus relaciones. Facultad de elaboración de opiniones y similitudes entre las piezas de la realidad. Está relacionado con la parte inferior del lóbulo parietal, ya que las lesiones en dicha zona impiden realizar estas funciones.
6. Operador existencial: Función de la mente que ofrece la sensación de vivir, de existir o de realidad a través de la información procesada por el cerebro. Nos informa de que lo percibido es real. Probablemente relacionado con el sistema límbico, que nos capacita para asumir emocionalmente la realidad.
7. Operador de valor emocional: El sentimiento consecuente. Asigna los valores emocionales a cada elemento de la percepción y del conocimiento. Este operador preside también nuestro mundo intencional.
Imperativos cognitivos
La actuación de todos estos operadores genera lo que denominan “Imperativos cognitivos”. En éstos se encuentran los significados de los mitos y la simbólica metafísica tan importantes para todas las culturas. Son básicos para la interpretación de la realidad y los problemas metafísicos de sentido que esta realidad suscita. De esta manera minimizamos la ansiedad que genera nuestra existencia y la convivencia en un mundo incógnito.
Los mitos, traducidos en doctrinas y prácticas rituales, constituyen arquitecturas mentales imprescindibles sin las cuales no es posible vivir para la mayoría de los huque manos. Este fundamento es el que permite que la creación del mito o mito-cultura sea un producto de la mente humana orientada al propósito de la supervivencia del individuo y del colectivo humano.
La congruencia entre el mito y la supervivencia del “yo” se fundamenta en la estructura de la actividad cerebral. Los operadores causal y binario son los que intervienen en el origen de la interpretación de los orígenes de los fenómenos, de las responsabilidades y en la delimitación de los contrarios, cosa que permite poner orden en la ambigüedad de muchos datos de la realidad.
Para que sobreviva la experiencia cognitiva que produce el mito ha de sobrevivir también la transmisión por vía cultural; y esto se hace en forma narrativa, representacional (generador del mundo simbólico) y vivencial (el rito y la normativa socio-cultural). Los lóbulos frontales serían entonces los que capacitarían a los humanos para la creación de una realidad simbólica que sustentaría el equilibrio de la mente y de la conducta adaptativa al medio.
Newberg y D'Aquili, descubrieron que, cuando se alcanza un estado de meditación profunda, las regiones del cerebro que regulan la construcción de la propia identidad se desactivan. De este modo el practicante de meditación pierde el sentido del propio yo individual, produciéndose un estado de “paradoxicalidad”: no existen límites entre él mismo y todo lo demás; supera las dualidades y se integra en una totalidad única transcendente.
Eso se traduce en una caída de la actividad del área de orientación del lóbulo parietal (que procesa toda la información sobre el espacio y la ubicación del cuerpo físico en él) y en un aumento de la actividad de la región prefrontal dorsolateral de manera inusual. Las imágenes fueron obtenidas a través de tomografía computerizada por emisión de un solo fotón (SPECT).
Óscar Castro García, de la Universidad Autónoma de Barcelona
domingo, 6 de diciembre de 2009
viernes, 4 de diciembre de 2009
La primera imagen de la memoria humana
Un estudio realizado por investigadores del Montreal Neurological Institute and Hospital y de las universidades McGill y California en Los Ángeles, publicado en la ultima edición de la revista “Science Daily”, ha permitido por primera vez en la historia capturar el momento en que se produce la translación de una proteína encargada de la formación de la memoria a largo plazo. El hallazgo es muy importante para comprender cómo nuestro cerebro almacena los recuerdos.
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Hay quien dice que los humanos somos, ni mas ni menos, el resultado de nuestros recuerdos. La idea tiene bastante lógica, y seguramente los recuerdos de nuestra infancia, los juegos que jugamos, los amores que tuvimos, los libros que leímos y las peripecias que sufrimos son responsables en gran medida de nuestra personalidad actual. A pesar de la importancia que posee el mecanismo de la memoria, es mucho lo nos que falta descubrir sobre su funcionamiento y la forma en que el cerebro convierte en permanentes nuestras experiencias cotidianas.
Sin embargo, un nuevo estudio sobre la forma en que determinadas proteínas interactúan con las sinapsis de las células nerviosas, realizado de forma conjunta por investigadores del Montreal Neurological Institute and Hospital, y de las universidades McGill y California en Los Ángeles, podría desvelar parte de este misterio. Los científicos han logrado capturar en una imagen el momento exacto en que se produce la activación del mecanismo -concretamente la translación de una proteína- que desencadena la formación de la memoria a largo plazo.
Esta es la imagen que obtuvo el equipo.
El hallazgo, publicado en la ultima edición de la revista “Science Daily”, proporciona la primera evidencia visual de que se producen nuevas proteínas en las sinapsis -verdaderas conexiones entre las células nerviosas- en el momento en que un evento registrado por el cerebro se guarda en forma de un recuerdo a largo plazo. Estas proteínas tienen la función de incrementar la fuerza de la conexión sináptica, reforzando la memoria. La imagen obtenida en ese momento crucial es, según los expertos, muy importante para comprender la forma en que se generan los recuerdos. Si fuésemos capaces de hacer un seguimiento en tiempo real de la evolución de estas proteínas tendríamos una mejor comprensión de cómo se forma la memoria.
Para entender qué es lo que ocurre a nivel molecular en el cerebro, es necesario tener en cuenta dos propiedades intrínsecas de la memoria. La primera es su capacidad de mantener una gran cantidad de información almacenada durante un largo tiempo con un grado razonable de estabilidad. La segunda es su flexibilidad. En efecto, la única razón por la que podemos aprender y adaptarnos a situaciones cambiantes es porque nuestra memoria es altamente flexible. Estas propiedades hicieron que los responsables de la investigación se centrasen en las sinapsis, que son el principal punto de intercambio y almacenamiento de información en el cerebro. Estas estructuras conforman una vasta red de conexiones que tiene una gran habilidad para cambiar y adaptarse -la denominada plasticidad sináptica- que parece ser la base fundamental del aprendizaje y la memoria.
“La cuestión es cómo determinar la formación de la memorias si esta red está cambiando constantemente”, dice el doctor Wayne Sossin, neurocientífico y coautor del estudio. “Se sabe desde hace algún tiempo que un paso importante en la formación de la memoria a largo plazo es la translación, o producción, de nuevas proteínas localizadas en la sinapsis, que refuerzan la conexión sináptica en la incorporación de una memoria, pero hasta ahora nunca se había registrado en imágenes”, agrega. El equipo empleó como “seguidor” una proteína fluorescente que puede ser fácilmente detectada y seguida, lo que les posibilitó obtener la imagen en cuestión.
Sin dudas, el descubrimiento de Sossin y sus compañeros de equipo servirá para mejorar la comprensión de estos procesos, y para la elaboración de terapias que puedan corregir los problemas ocasionados por el deterioro de la memoria en personas de edad o con enfermedades degenerativas.
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Hay quien dice que los humanos somos, ni mas ni menos, el resultado de nuestros recuerdos. La idea tiene bastante lógica, y seguramente los recuerdos de nuestra infancia, los juegos que jugamos, los amores que tuvimos, los libros que leímos y las peripecias que sufrimos son responsables en gran medida de nuestra personalidad actual. A pesar de la importancia que posee el mecanismo de la memoria, es mucho lo nos que falta descubrir sobre su funcionamiento y la forma en que el cerebro convierte en permanentes nuestras experiencias cotidianas.
Sin embargo, un nuevo estudio sobre la forma en que determinadas proteínas interactúan con las sinapsis de las células nerviosas, realizado de forma conjunta por investigadores del Montreal Neurological Institute and Hospital, y de las universidades McGill y California en Los Ángeles, podría desvelar parte de este misterio. Los científicos han logrado capturar en una imagen el momento exacto en que se produce la activación del mecanismo -concretamente la translación de una proteína- que desencadena la formación de la memoria a largo plazo.
Esta es la imagen que obtuvo el equipo.
El hallazgo, publicado en la ultima edición de la revista “Science Daily”, proporciona la primera evidencia visual de que se producen nuevas proteínas en las sinapsis -verdaderas conexiones entre las células nerviosas- en el momento en que un evento registrado por el cerebro se guarda en forma de un recuerdo a largo plazo. Estas proteínas tienen la función de incrementar la fuerza de la conexión sináptica, reforzando la memoria. La imagen obtenida en ese momento crucial es, según los expertos, muy importante para comprender la forma en que se generan los recuerdos. Si fuésemos capaces de hacer un seguimiento en tiempo real de la evolución de estas proteínas tendríamos una mejor comprensión de cómo se forma la memoria.
Para entender qué es lo que ocurre a nivel molecular en el cerebro, es necesario tener en cuenta dos propiedades intrínsecas de la memoria. La primera es su capacidad de mantener una gran cantidad de información almacenada durante un largo tiempo con un grado razonable de estabilidad. La segunda es su flexibilidad. En efecto, la única razón por la que podemos aprender y adaptarnos a situaciones cambiantes es porque nuestra memoria es altamente flexible. Estas propiedades hicieron que los responsables de la investigación se centrasen en las sinapsis, que son el principal punto de intercambio y almacenamiento de información en el cerebro. Estas estructuras conforman una vasta red de conexiones que tiene una gran habilidad para cambiar y adaptarse -la denominada plasticidad sináptica- que parece ser la base fundamental del aprendizaje y la memoria.
“La cuestión es cómo determinar la formación de la memorias si esta red está cambiando constantemente”, dice el doctor Wayne Sossin, neurocientífico y coautor del estudio. “Se sabe desde hace algún tiempo que un paso importante en la formación de la memoria a largo plazo es la translación, o producción, de nuevas proteínas localizadas en la sinapsis, que refuerzan la conexión sináptica en la incorporación de una memoria, pero hasta ahora nunca se había registrado en imágenes”, agrega. El equipo empleó como “seguidor” una proteína fluorescente que puede ser fácilmente detectada y seguida, lo que les posibilitó obtener la imagen en cuestión.
Sin dudas, el descubrimiento de Sossin y sus compañeros de equipo servirá para mejorar la comprensión de estos procesos, y para la elaboración de terapias que puedan corregir los problemas ocasionados por el deterioro de la memoria en personas de edad o con enfermedades degenerativas.
SyNAPSE, el “cerebro-en-un-chip” de DARPA
¿Es posible fabricar un chip que se comporte como un cerebro? Seguramente la respuesta a esta pregunta es un “si”, de hecho, con el tiempo suficiente, casi cualquier cosa puede ser posible. Pero la agencia norteamericana DARPA intenta construir algo así en los próximos años.¿te interesa?
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Seguramente has oído nombrar a DARPA (Defense Advanced Research Projects Agency, o Agencia de Investigación de Proyectos Avanzados de Defensa) antes. Y no es para menos. Maneja un impresionante presupuesto anual (acaba de recibir casi 3 mil millones de euros para el próximo periodo fiscal) y se encarga de todos los desarrollos de tecnología de punta del departamento de defensa, haciendo hincapié en aquellos que puedan servir para obtener una ventaja de cualquier tipo sobre el enemigo. De hecho, DARPA fue creada en 1958 como respuesta al lanzamiento soviético del Sputnik, con la misión de mantener a la tecnología de Estados Unidos por delante de la de sus adversarios.
En Neoteo hemos comentado proyectos muy audaces encarados por DARPA: uniformes “invisibles”, piel sintética con retroalimentación sensorial y hasta balas guiadas por láser. Pero uno de sus equipos de trabajo ha encarado un proyecto que seguramente va a dar mucho que hablar. Se trata del “Systems of Neuromorphic Adaptive Plastic Scalable Electronics”, más conocido como SyNAPSE.
SyNAPSE intentará reproducir el funcionamiento de un cerebro mediante componentes electrónicos. Esta tarea ya se ha abordado antes, por ejemplo, en 2001 se conoció la noticia de que Vitalij Valzev había creado el primer cerebro artificial con el mismo intelecto que un humano. Pero actualmente es poco lo que se sabe sobre el estado del proyecto y que ha sido del científico ruso que lo creó.
Pero lo que hace especial a SyNAPSE es que va a intentar desarrollar un cerebro electrónico que no solo imite su comportamiento, sino que además tenga el tamaño y el consumo energético de su equivalente biológico. DARPA nos promete que "de tener éxito, el proyecto proporcionará las bases para la creación de máquinas que puedan reemplazar a los humanos en muchas de las exigentes situaciones que enfrentan los combatientes de hoy".
Resulta bastante difícil no hacer una asociación entre los términos “cerebro artificial”, “combatiente” y “Terminator”. Aun a riesgo de parecer obvios, en líneas generales es lo que intenta lograr DARPA: una maquina autónoma, con un cerebro electrónico con más o menos el tamaño y capacidad del de un humano, armada hasta los dientes, y suelta en el campo de batalla.
Puede parecer un objetivo muy difícil de lograr, pero con 3 mil millones de euros para gastar, Terminator puede estar a la vuelta de la esquina.
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Seguramente has oído nombrar a DARPA (Defense Advanced Research Projects Agency, o Agencia de Investigación de Proyectos Avanzados de Defensa) antes. Y no es para menos. Maneja un impresionante presupuesto anual (acaba de recibir casi 3 mil millones de euros para el próximo periodo fiscal) y se encarga de todos los desarrollos de tecnología de punta del departamento de defensa, haciendo hincapié en aquellos que puedan servir para obtener una ventaja de cualquier tipo sobre el enemigo. De hecho, DARPA fue creada en 1958 como respuesta al lanzamiento soviético del Sputnik, con la misión de mantener a la tecnología de Estados Unidos por delante de la de sus adversarios.
En Neoteo hemos comentado proyectos muy audaces encarados por DARPA: uniformes “invisibles”, piel sintética con retroalimentación sensorial y hasta balas guiadas por láser. Pero uno de sus equipos de trabajo ha encarado un proyecto que seguramente va a dar mucho que hablar. Se trata del “Systems of Neuromorphic Adaptive Plastic Scalable Electronics”, más conocido como SyNAPSE.
SyNAPSE intentará reproducir el funcionamiento de un cerebro mediante componentes electrónicos. Esta tarea ya se ha abordado antes, por ejemplo, en 2001 se conoció la noticia de que Vitalij Valzev había creado el primer cerebro artificial con el mismo intelecto que un humano. Pero actualmente es poco lo que se sabe sobre el estado del proyecto y que ha sido del científico ruso que lo creó.
Pero lo que hace especial a SyNAPSE es que va a intentar desarrollar un cerebro electrónico que no solo imite su comportamiento, sino que además tenga el tamaño y el consumo energético de su equivalente biológico. DARPA nos promete que "de tener éxito, el proyecto proporcionará las bases para la creación de máquinas que puedan reemplazar a los humanos en muchas de las exigentes situaciones que enfrentan los combatientes de hoy".
Resulta bastante difícil no hacer una asociación entre los términos “cerebro artificial”, “combatiente” y “Terminator”. Aun a riesgo de parecer obvios, en líneas generales es lo que intenta lograr DARPA: una maquina autónoma, con un cerebro electrónico con más o menos el tamaño y capacidad del de un humano, armada hasta los dientes, y suelta en el campo de batalla.
Puede parecer un objetivo muy difícil de lograr, pero con 3 mil millones de euros para gastar, Terminator puede estar a la vuelta de la esquina.
¿Los imanes podrían fortalecer la mente?
Hay indicios de que la aplicación de algún tipo de de terapia magnética puede estimular el desarrollo de ciertas áreas del cerebro, sobre todo las ligadas al aprendizaje y la memoria. No te pierdas este artículo, que puede hacerte el más listillo de la clase.¿te interesa?
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Someter al cerebro al campo magnético generado por una bobina parece estimular el crecimiento de neuronas nuevas en las áreas asociadas con el aprendizaje y la memoria, al menos en las ratas.
Si este efecto pudiese ser confirmado en seres humanos se encendería una luz de esperanza para el tratamiento la declinación mental y enfermedades de la memoria relativas a la edad como el Alzheimer. El estímulo magnético transcraeal (TMS, por Transcranial Magnetic Stimulation) se ha utilizado en forma experimental para tratar una gama de los desórdenes del cerebro, incluyendo la depresión y la esquizofrenia, y para rehabilitar algunos pacientes después de un accidente.
En esencia, TMS utiliza una bobina para inducir campos magnéticos en el tejido del cerebro, activando o desactivando grupos de neuronas. Funciona, aunque el aunque el mecanismo exacto de cómo lo hace no se conoce.
Una de las teorías dice que este tipo de terapia consolida en el cerebro un proceso conocido como potenciación a largo plazo (LTP, por called long-term potentiation). Fortunato Battaglia y sus aplicaron TMS a ratones durante cinco días, y después analizaron sus cerebros buscando evidencias de LTP. Las encontraron en todas áreas del cerebro. El equipo también vio grandes aumentos en la proliferación de células en algunas regiones del cerebro.
Battaglia presentó sus resultados en una reunión de la Academia Americana de Neurología en Boston. El ejercicio físico y algunos antidepresivos también promueven crecimientos en las neuronas, pero puede ser difícil de lograr en áreas específicas. Battaglia piensa que el TMS eventualmente se podría utilizar para mejorar el aprendizaje y la memoria, ya que ambos problemas se deben generalmente a la pérdida de neuronas en el hipocampo, entre otras áreas.
Su equipo se encuentra preparando un estudio para probar esta teoría. Juan Rothwell, investigador de TMS en Londres, dice que es ésta es la primera vez que el TMS ha demostrado ser útil en terapias de neurogenesis. Aunque el TMS no puede substituir las neuronas perdidas, Rothwell cree que podría desacelerar el progreso de enfermedades como Alzheimer. “Puede ser una forma de reforzar las conexiones que están volviéndose ser más débiles,” dice.
Habrá que esperar, pero si estos estudios demuestran la posibilidad de corregir estos problemas, o incluso mejorar la capacidad mental de la gente “sana”, seguramente será bienvenido por todos.
“Puede ser una forma de reforzar las conexiones que están volviéndose ser más débiles” Memoria y aprendizaje: las zonas mas beneficiadas.
Enlaces La nota, en inglés (newscientist.com).
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Someter al cerebro al campo magnético generado por una bobina parece estimular el crecimiento de neuronas nuevas en las áreas asociadas con el aprendizaje y la memoria, al menos en las ratas.
Si este efecto pudiese ser confirmado en seres humanos se encendería una luz de esperanza para el tratamiento la declinación mental y enfermedades de la memoria relativas a la edad como el Alzheimer. El estímulo magnético transcraeal (TMS, por Transcranial Magnetic Stimulation) se ha utilizado en forma experimental para tratar una gama de los desórdenes del cerebro, incluyendo la depresión y la esquizofrenia, y para rehabilitar algunos pacientes después de un accidente.
En esencia, TMS utiliza una bobina para inducir campos magnéticos en el tejido del cerebro, activando o desactivando grupos de neuronas. Funciona, aunque el aunque el mecanismo exacto de cómo lo hace no se conoce.
Una de las teorías dice que este tipo de terapia consolida en el cerebro un proceso conocido como potenciación a largo plazo (LTP, por called long-term potentiation). Fortunato Battaglia y sus aplicaron TMS a ratones durante cinco días, y después analizaron sus cerebros buscando evidencias de LTP. Las encontraron en todas áreas del cerebro. El equipo también vio grandes aumentos en la proliferación de células en algunas regiones del cerebro.
Battaglia presentó sus resultados en una reunión de la Academia Americana de Neurología en Boston. El ejercicio físico y algunos antidepresivos también promueven crecimientos en las neuronas, pero puede ser difícil de lograr en áreas específicas. Battaglia piensa que el TMS eventualmente se podría utilizar para mejorar el aprendizaje y la memoria, ya que ambos problemas se deben generalmente a la pérdida de neuronas en el hipocampo, entre otras áreas.
Su equipo se encuentra preparando un estudio para probar esta teoría. Juan Rothwell, investigador de TMS en Londres, dice que es ésta es la primera vez que el TMS ha demostrado ser útil en terapias de neurogenesis. Aunque el TMS no puede substituir las neuronas perdidas, Rothwell cree que podría desacelerar el progreso de enfermedades como Alzheimer. “Puede ser una forma de reforzar las conexiones que están volviéndose ser más débiles,” dice.
Habrá que esperar, pero si estos estudios demuestran la posibilidad de corregir estos problemas, o incluso mejorar la capacidad mental de la gente “sana”, seguramente será bienvenido por todos.
“Puede ser una forma de reforzar las conexiones que están volviéndose ser más débiles” Memoria y aprendizaje: las zonas mas beneficiadas.
Enlaces La nota, en inglés (newscientist.com).
Lifenaut.com. ¿Se puede clonar la mente de una persona?
Un particular proyecto, creado por la Fundación del Movimiento Terasem, propone almacenar cuanta información sea posible sobre una persona. A base de música, fotos, vídeos y notas, aseguran que en el futuro se podrá crear un clon que pensará exactamente como nosotros. ¿Te parece demasiado exagerado? Pasa, lee la nota y entérate como marcha este proyecto¿te interesa?
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Lifenaut.com es un sitio en el cual luego de registrarte podrás tener a tu disposición 7 gigabytes para almecenar tu información. ¿Cuál es la idea?
Que puedas subir vídeos, fotos, música, ficheros, todo lo que pienses que pueda ayudar a definirte como persona. Saber cuales son tus gustos, tus sentimientos, tus pensamientos, es posible, dicen algunos. Y la idea es obtenerlo a partir de lo que tu pongas en el sitio. ¿Y como lo harán?
La idea, según Bruce Duncan, director de la Fundación del Movimiento Terasem, es que un chatbot sea en el futuro capaz de ordenar toda esa información y armar un clon de tu alma, de tu esencia. Porque a nadie sorprende ya la posibilidad de que en algunos años sea posible clonar nuestra apariencia física, y lograr “fabricar” una persona que se vea exactamente igual que nosotros.
Pero lo que realmente supera cualquier previsión es la posibilidad de que una creación humana sea capaz de pensar exactamente igual a nosotros. Según Duncan, mediante bots capaces de analizar información de manera minuciosa se podrá obtener toda nuestra personalidad, hasta reducirla a “bemes”. Un beme es la unidad más pequeña de consciencia o “unicidad” de una persona. Vendría a ser lo mismo que el átomo en la física.
Con nuestra mente dividida en bemes será más fácil reordenarla y recrear nuestros pensamientos y sentimientos. No solo eso, podremos subir información sobre toda la gente que hemos conocido a lo largo de nuestras vidas, definir la relación que hemos tenido con ellos y gracias a eso lograr modelos basados en ellos.
Hemos visto proyectos como Lifelogging, y también como los científicos trabajan para lograr la inmortalidad virtual, pero en este caso es distinto ya que se trata poder, en un futuro, recrear a una persona.
A pesar de los temores que este tipo de iniciativas puedan despertar, en la Fundación del Movimiento Terasem, Duncan afirma que la idea es preservar la mayor cantidad posible de bemes de una persona, y lograr esto con la mayor cantidad de personas que sea posible, como una forma de mantener vivo el espíritu colectivo de generacion en generación.
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La idea, según Bruce Duncan, director de la Fundación del Movimiento Terasem, es que un chatbot sea en el futuro capaz de ordenar toda esa información y armar un clon de tu alma, de tu esencia. Porque a nadie sorprende ya la posibilidad de que en algunos años sea posible clonar nuestra apariencia física, y lograr “fabricar” una persona que se vea exactamente igual que nosotros.
Pero lo que realmente supera cualquier previsión es la posibilidad de que una creación humana sea capaz de pensar exactamente igual a nosotros. Según Duncan, mediante bots capaces de analizar información de manera minuciosa se podrá obtener toda nuestra personalidad, hasta reducirla a “bemes”. Un beme es la unidad más pequeña de consciencia o “unicidad” de una persona. Vendría a ser lo mismo que el átomo en la física.
Con nuestra mente dividida en bemes será más fácil reordenarla y recrear nuestros pensamientos y sentimientos. No solo eso, podremos subir información sobre toda la gente que hemos conocido a lo largo de nuestras vidas, definir la relación que hemos tenido con ellos y gracias a eso lograr modelos basados en ellos.
Hemos visto proyectos como Lifelogging, y también como los científicos trabajan para lograr la inmortalidad virtual, pero en este caso es distinto ya que se trata poder, en un futuro, recrear a una persona.
A pesar de los temores que este tipo de iniciativas puedan despertar, en la Fundación del Movimiento Terasem, Duncan afirma que la idea es preservar la mayor cantidad posible de bemes de una persona, y lograr esto con la mayor cantidad de personas que sea posible, como una forma de mantener vivo el espíritu colectivo de generacion en generación.
Informática Cognitiva e ingenieria inversa de la mente
A pesar de los miles de millones de dólares gastados en extraordinarios sistemas que hacen de nuestros ordenadores de escritorio algo tan pequeño como una hormiga, según los especialistas en la materia todo ese poder no sería suficiente. La humanidad está generando cada vez más datos, y los sistemas existentes están más sobrecargados y demorados. Para solucionar este problema, los científicos están mirando muy de cerca al mejor ordenador conocido por el hombre, con la intención de copiarlo: El cerebro humano.
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Y nada menos que IBM para ponerse en campaña con este titánico proyecto, junto con otras cinco universidades. De acuerdo al gigante, se planea crear un nuevo sistema informático tan avanzado que emularía y simularía las principales habilidades de un cerebro humano, tales como la percepción y la cognición. Pero no se trataría de un ordenador enorme como un edificio. Aplicando los conocimientos existentes en neurociencia y nanotecnología, el sistema podría tener, al menos en teoría, un tamaño y un consumo de energía similar al de un cerebro real.
"¿Powered by IBM?"Esta nueva forma de informática cognitiva apunta al desarrollo de nuevos sistemas utilizando un concepto que usualmente se lo conoce en los entornos del espionaje industrial, comercial, e informático: La ingeniería inversa. Puesto en palabras más sencillas, los científicos intentarán descrifar todo aquello que le da forma y sentido a un cerebro humano, para duplicarlo y convertirlo en un sistema que podría procesar una cantidad de datos hasta ahora imposible.
Esta clase de ingeniería inversa ya se ha intentado de forma parcial, pero utilizando como base al cerebro de una rata. A pesar de su tamaño y del nivel de complejidad (significativamente inferior al del cerebro humano), la réplica digital del córtex demandó la nada despreciable suma de 8 terabytes de RAM en un superordenador BlueGene/L. Un procedimiento similar pero aplicado al cerebro humano requeriría una capacidad de procesamiento y almacenamiento que hoy en día, sencillamente no existe. Casi 37 petaflops de poder y poco más de tres petabytes de RAM es algo que ni siquiera el futuro hiperordenador Sequoia puede igualar.
En teoría se necesitarían 37 "Roadrunners" a su máxima capacidad para el proyecto
Si tenemos en cuenta que ese poder de procesamiento estaría disponible en la siguiente media década, es probable que pase un buen tiempo antes de que tengamos novedades en este campo. Muchos de los requerimientos nanotecnológicos para este proyecto apenas están en nivel teórico, por lo que básicamente tienen que "inventar" los componentes que usarán. Al mismo tiempo, la asistencia económica será vital. IBM ha adquirido €3.8 millones gracias a DARPA, una suma que apenas puede hacer que el proyecto comience.
Si IBM necesitaba un desafío, es este. No se trata de replicar y entender la corteza cerebral, sino todo el cerebro humano, con sus incontables conexiones a nivel neuronal y de forma tridimensional. Lo único cierto es que, en caso de que lo logren, la informática tal y como la conocemos pasará a ser apenas un capítulo en la historia
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Y nada menos que IBM para ponerse en campaña con este titánico proyecto, junto con otras cinco universidades. De acuerdo al gigante, se planea crear un nuevo sistema informático tan avanzado que emularía y simularía las principales habilidades de un cerebro humano, tales como la percepción y la cognición. Pero no se trataría de un ordenador enorme como un edificio. Aplicando los conocimientos existentes en neurociencia y nanotecnología, el sistema podría tener, al menos en teoría, un tamaño y un consumo de energía similar al de un cerebro real.
"¿Powered by IBM?"Esta nueva forma de informática cognitiva apunta al desarrollo de nuevos sistemas utilizando un concepto que usualmente se lo conoce en los entornos del espionaje industrial, comercial, e informático: La ingeniería inversa. Puesto en palabras más sencillas, los científicos intentarán descrifar todo aquello que le da forma y sentido a un cerebro humano, para duplicarlo y convertirlo en un sistema que podría procesar una cantidad de datos hasta ahora imposible.
Esta clase de ingeniería inversa ya se ha intentado de forma parcial, pero utilizando como base al cerebro de una rata. A pesar de su tamaño y del nivel de complejidad (significativamente inferior al del cerebro humano), la réplica digital del córtex demandó la nada despreciable suma de 8 terabytes de RAM en un superordenador BlueGene/L. Un procedimiento similar pero aplicado al cerebro humano requeriría una capacidad de procesamiento y almacenamiento que hoy en día, sencillamente no existe. Casi 37 petaflops de poder y poco más de tres petabytes de RAM es algo que ni siquiera el futuro hiperordenador Sequoia puede igualar.
En teoría se necesitarían 37 "Roadrunners" a su máxima capacidad para el proyecto
Si tenemos en cuenta que ese poder de procesamiento estaría disponible en la siguiente media década, es probable que pase un buen tiempo antes de que tengamos novedades en este campo. Muchos de los requerimientos nanotecnológicos para este proyecto apenas están en nivel teórico, por lo que básicamente tienen que "inventar" los componentes que usarán. Al mismo tiempo, la asistencia económica será vital. IBM ha adquirido €3.8 millones gracias a DARPA, una suma que apenas puede hacer que el proyecto comience.
Si IBM necesitaba un desafío, es este. No se trata de replicar y entender la corteza cerebral, sino todo el cerebro humano, con sus incontables conexiones a nivel neuronal y de forma tridimensional. Lo único cierto es que, en caso de que lo logren, la informática tal y como la conocemos pasará a ser apenas un capítulo en la historia
Informática Cognitiva e ingenieria inversa de la mente
A pesar de los miles de millones de dólares gastados en extraordinarios sistemas que hacen de nuestros ordenadores de escritorio algo tan pequeño como una hormiga, según los especialistas en la materia todo ese poder no sería suficiente. La humanidad está generando cada vez más datos, y los sistemas existentes están más sobrecargados y demorados. Para solucionar este problema, los científicos están mirando muy de cerca al mejor ordenador conocido por el hombre, con la intención de copiarlo: El cerebro humano.
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"¿Powered by IBM?"Esta nueva forma de informática cognitiva apunta al desarrollo de nuevos sistemas utilizando un concepto que usualmente se lo conoce en los entornos del espionaje industrial, comercial, e informático: La ingeniería inversa. Puesto en palabras más sencillas, los científicos intentarán descrifar todo aquello que le da forma y sentido a un cerebro humano, para duplicarlo y convertirlo en un sistema que podría procesar una cantidad de datos hasta ahora imposible.
Esta clase de ingeniería inversa ya se ha intentado de forma parcial, pero utilizando como base al cerebro de una rata. A pesar de su tamaño y del nivel de complejidad (significativamente inferior al del cerebro humano), la réplica digital del córtex demandó la nada despreciable suma de 8 terabytes de RAM en un superordenador BlueGene/L. Un procedimiento similar pero aplicado al cerebro humano requeriría una capacidad de procesamiento y almacenamiento que hoy en día, sencillamente no existe. Casi 37 petaflops de poder y poco más de tres petabytes de RAM es algo que ni siquiera el futuro hiperordenador Sequoia puede igualar.
En teoría se necesitarían 37 "Roadrunners" a su máxima capacidad para el proyecto
Si tenemos en cuenta que ese poder de procesamiento estaría disponible en la siguiente media década, es probable que pase un buen tiempo antes de que tengamos novedades en este campo. Muchos de los requerimientos nanotecnológicos para este proyecto apenas están en nivel teórico, por lo que básicamente tienen que "inventar" los componentes que usarán. Al mismo tiempo, la asistencia económica será vital. IBM ha adquirido €3.8 millones gracias a DARPA, una suma que apenas puede hacer que el proyecto comience.
Si IBM necesitaba un desafío, es este. No se trata de replicar y entender la corteza cerebral, sino todo el cerebro humano, con sus incontables conexiones a nivel neuronal y de forma tridimensional. Lo único cierto es que, en caso de que lo logren, la informática tal y como la conocemos pasará a ser apenas un capítulo en la historia
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Y nada menos que IBM para ponerse en campaña con este titánico proyecto, junto con otras cinco universidades. De acuerdo al gigante, se planea crear un nuevo sistema informático tan avanzado que emularía y simularía las principales habilidades de un cerebro humano, tales como la percepción y la cognición. Pero no se trataría de un ordenador enorme como un edificio. Aplicando los conocimientos existentes en neurociencia y nanotecnología, el sistema podría tener, al menos en teoría, un tamaño y un consumo de energía similar al de un cerebro real.
"¿Powered by IBM?"Esta nueva forma de informática cognitiva apunta al desarrollo de nuevos sistemas utilizando un concepto que usualmente se lo conoce en los entornos del espionaje industrial, comercial, e informático: La ingeniería inversa. Puesto en palabras más sencillas, los científicos intentarán descrifar todo aquello que le da forma y sentido a un cerebro humano, para duplicarlo y convertirlo en un sistema que podría procesar una cantidad de datos hasta ahora imposible.
Esta clase de ingeniería inversa ya se ha intentado de forma parcial, pero utilizando como base al cerebro de una rata. A pesar de su tamaño y del nivel de complejidad (significativamente inferior al del cerebro humano), la réplica digital del córtex demandó la nada despreciable suma de 8 terabytes de RAM en un superordenador BlueGene/L. Un procedimiento similar pero aplicado al cerebro humano requeriría una capacidad de procesamiento y almacenamiento que hoy en día, sencillamente no existe. Casi 37 petaflops de poder y poco más de tres petabytes de RAM es algo que ni siquiera el futuro hiperordenador Sequoia puede igualar.
En teoría se necesitarían 37 "Roadrunners" a su máxima capacidad para el proyecto
Si tenemos en cuenta que ese poder de procesamiento estaría disponible en la siguiente media década, es probable que pase un buen tiempo antes de que tengamos novedades en este campo. Muchos de los requerimientos nanotecnológicos para este proyecto apenas están en nivel teórico, por lo que básicamente tienen que "inventar" los componentes que usarán. Al mismo tiempo, la asistencia económica será vital. IBM ha adquirido €3.8 millones gracias a DARPA, una suma que apenas puede hacer que el proyecto comience.
Si IBM necesitaba un desafío, es este. No se trata de replicar y entender la corteza cerebral, sino todo el cerebro humano, con sus incontables conexiones a nivel neuronal y de forma tridimensional. Lo único cierto es que, en caso de que lo logren, la informática tal y como la conocemos pasará a ser apenas un capítulo en la historia
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